con la lluvia en la cara
sobre arenas movedizas
vamos camino hacia el oráculo
(una mujer-cabeza-vagina gigante sobre el pórtico)
viento tras viento penetra las moléculas del espejo
hacia lo negro
lo inefable
(las raíces de los árboles crecen a velocidades impensables)
en el centro de la esfera hay una bola de fuego
(un hombre con cabeza ígnea y cerebro de lava)
esperando el momento de esparcir su materia
sobre la superficie del planeta
hay balanzas,
toboganes,
troncos que chorrean saliva
salvia
nosotros, empantanados
entre el influjo
oímos lo que no está escrito
-sabemos
del inmenso semiesférico, de la curva
de la piel hundida por los dedos
del no-silencio
del hilo de oro
y de lo irrevocable.
6 mar 2009
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